viernes, 28 de agosto de 2009

Resistencia al imperialismo, para los que le tocó china



“Nosotros hemos comprobado, bárbaros ingleses, que habéis desarrollado una naturaleza y una costumbres de lobo, saqueando y robando bienes por la fuerza (...). Habéis venido a nuestro país con espíritu de lucro. ¿Qué conocimientos tenéis de nosotros? Vuestra ansia de ganancias se parece a la voracidad de los animales. En cambio, ignoráis nuestras leyes y nuestras instituciones; nada sabéis de principios justos (...). Más allá de la fortaleza de vuestros barcos, de la violencia del disparo de vuestros fusiles y de la potencia de vuestros cañones, ¿qué otras cualidades tenéis?

Panfleto de una sociedad secreta china. Cantón. 1856.


“Después de bregar arduamente por abrir el mercado chino, las principales importaciones chinas para el consumo masivo resultaron ser una droga -el opio- y un combustible, el queroseno.
El opio, tras ser elaborado [en la India], se vendía en subasta pública bajo el patrocinio oficial británico en la India y era posteriormente transportado a China por comerciantes privados británicos e indios autorizados por la Compañía de las Indias Orientales, que aún gobernaba la India. Las ventas de opio en Cantón pagaban los envíos de té (chino) a Londres en un próspero comercio triangular entre India, China y Gran Bretaña.”

John K. Fairbank. China, una nueva historia. 1996.


“Pero existe una categoría de extranjeros malhechores que fabrican opio y lo traen a nuestro país para venderlo, incitando a los necios a destruirse a sí mismos, simplemente con el fin de sacar provecho. Anteriormente, el número de fumadores de opio era reducido; pero ahora el vicio se ha extendido por todas partes y el veneno va penetrando cada vez más profundamente (...) Por este motivo, hemos decidido castigar con penas muy severas a los mercaderes y a los fumadores de opio, con el fin de poner término definitivamente a la propagación de este vicio. Parece ser que esta mercancía envenenada es fabricada por algunas personas diabólicas en lugares sometidos a vuestra ley (...) He oído decir que en vuestro país está prohibido fumar opio. Ello significa que no ignoráis hasta qué punto resulta nocivo. Pero en lugar de prohibir el consumo del opio, valdría más que prohibieseis su venta o, mejor aún, su producción (...)
Todo opio que se descubre en China se echa en aceite hirviendo y se destruye. En lo sucesivo, todo barco extranjero que llegue con opio a bordo será incendiado (...) Entonces, no solo no obtendréis ningún beneficio de nosotros, sino que os arruinaréis en el negocio. (...) No digáis luego que no se os avisó a tiempo.”

Lin Ze-xu. Carta a la reina Victoria. 1839.




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